El servidor donde estaban alojados los audios, ha empezado a cobrar por ello, así que ésa es la razón de que muchos de ellos no funcionen, iré pasándolos poco a poco a youtube, pero es una larga tarea. Lo siento mucho, espero solucionarlo lo antes posible.

domingo, 31 de diciembre de 2006

Mujer con alcuza.






Gonzalo y Luna.

sábado, 30 de diciembre de 2006

viernes, 29 de diciembre de 2006

lunes, 25 de diciembre de 2006

Entre dos. Gonzalo.



Luna.
Gonzalo. ENTRE DOS.... Te odio por k te amo, odio cuando no estamos en sintonía,……… ¿sigues aquí?.........¿ k estamos haciendo?¡ nada! te h echado de menos, tengo miedo, miedo de provocar todo, hasta nuestra propia muerte, no preguntes lo k pienso, mejor no…..la mano calcinada no puede acariciar , deja k los dedos separen el mas del nada,……¡sigues aquí¡ ……… por k tu grito mata el mas profundo de los silesios ,donde encuentro tu respuesta?,la felasion de mi mente oscurece mis anhelos, eres el torrente inagotable del mas miedo………….! sigues aquí¡ si….si….. siiiiiii ¡sigues…aquiiiiiii ¡ deja que tu aliento sea el abrigo en esta noche aria, BESAME , BESAME ,que nuestras salivas sean el camino recto por donde circule nuestra armonía, nuestro secreto, fumemos nuestro espacio, como es, como si es, la ultima vez , m llevare este instante como agua de mar k romperá los callados dejándolos pulidos suaves al tacto,¿sigues aquí?.Sigues aquí?............. quédate aquí el tiempo que me queda, quédate, quédate

domingo, 24 de diciembre de 2006

viernes, 15 de diciembre de 2006

Apagamos las manos



Luna. Marencalma.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Los sábados

LOS SÁBADOS...

Las prostitutas madrugan mucho
para estar dispuestas...

Elena despertó a las dos y cinco,
abrió despacio las contraventanas
y el sol de invierno hirió sus ojos
enrojecidos. Apoyada
la frente en el cristal,
miró a la calle: niños con bufandas,
perros. Tres curas
paseaban.
En ese mismo instante,
Dora comenzaba
a ponerse las medias.
Las ligas le dejaban
una marca en los muslos ateridos.
Al encender la radio -«Aída:
marcha nupcial»-,
recordaba palabras
-«Dora, Dorita, te amo»-
a la vez que intentaba
reconstruir el rostro de aquel hombre
que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada,
y leía distraída una moneda:
«Veinticinco pesetas.» «...por la gracia
de Dios.»
(Y por la cama)
Eran las tres y diez cuando Conchita
se estiraba
la piel de las mejillas
frente al espejo. Bostezó. Miraba
su propio rostro con indiferencia.
Localizó tres canas
en la raíz oscura de su pelo
amarillo. Abrió luego una caja
de crema rosa, cuyo contenido
extendió en torno a su nariz. Bostezaba,
y aprovechó aquel gesto
indefinible para
comprobar el estado
de una muela careada
allá en el fondo de sus fauces secas,
inofensivas, turbias, algo hepáticas.

Por otra parte,
también se preparaba
la ciudad.
El tren de las catorce treinta y nueve
alteró el ritmo de las calles. Miradas
vacilantes, ojos
confusos, planteaban
imprecisas preguntas
que las bocas no osaban
formular.
En los cafés, entraban
y salían los hombres, movidos
por algo parecido a una esperanza.
Se decía que aún era temprano. Pero
a las cuatro, Dora comenzaba
a quitarse las medias -las ligas
dejaban una marca
en sus muslos.
Lentas, solemnes, eclesiásticas,
volaban de las torres
palomas y campanas.
Mientras
se bajaba la falda,
Conchita vio su cuerpo
-y otra sombra vaga-
moverse en el espejo
de su alcoba. En las calles y plazas
palidecía la tarde de diciembre. Elena
cerró despacio las contraventanas.

Los sábados




Luna.

1964 Borges

Luna.

domingo, 10 de diciembre de 2006



1964
I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado Ya no compartirás la clara luna Ni los lentos jardines. Ya no hay una Luna que no sea espejo del pasado,Cristal de soledad, sol de agonías.Adiós las mutuas manos y las sienes Que acercaba el amor. Hoy sólo tienes La fiel memoria y los desiertos días.Nadie pierde (repites vanamente)Sino lo que no tiene y no ha tenido Nunca, pero no basta ser valiente Para aprender el arte del olvido.Un símbolo, una rosa, te desgarraY te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.Hay tantas otras cosas en el mundo;Un instante cualquiera es más profundo Y diverso que el mar. La vida es corta Y aunque las horas son tan largas, unaOscura maravilla nos acecha, La muerte, ese otro mar, esa otra flecha Que nos libra del sol y de la lunaY del amor. La dicha que me diste Y me quitaste debe ser borrada; Lo que era todo tiene que ser nada.Sólo me queda el goce de estar triste, Esa vana costumbre que me inclina Al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
JORGE LUIS BORGES ("El otro, el mismo")